
Acueducto. Un proyecto que genera muchas dudas
Parece un contrasentido traer hasta la ciudad de Córdoba agua a través de 350 kilómetros, tomada de un curso de agua en el cual vuelcan las suyas los dos ríos cordobeses más caudalosos.
Veo en el diario que el Gobierno de la Provincia continúa con el proyecto de construir un acueducto a la ciudad de Córdoba desde el río Paraná, para lo cual el 23 de octubre de 2018 firmó un convenio con la Provincia de Santa Fe a efectos de ejecutarlo en conjunto. La inversión es de muy alto costo, estimado en U$S 800 millones, según declaró el entonces gobernador Juan Schiaretti en 2011, y su racionalidad es más que cuestionable.
La idea podría resultar razonable para nuestra provincia, pero sólo para llevar agua al acueducto que alimenta a la ciudad de San Francisco, aumentar su capacidad –hoy insuficiente– y hacer llegar el líquido hasta la zona norte de Arroyito. Pero traerla hasta la ciudad de Córdoba desde otra provincia a través de 350 kilómetros, tomada de un curso de agua en el cual vuelcan las suyas los dos ríos cordobeses más caudalosos –el Tercero y el Cuarto– parece un contrasentido.
La lógica indica que resulta mucho más sencillo, económico y eficiente, derivar hacia el canal Los Molinos agua proveniente del río Tercero, cuyo módulo absoluto alcanza los 21 metros cúbicos por segundo. La distancia por recorrer –unos 45 kilómetros– es casi la octava parte que la del proyecto oficial (350 km) y el desnivel por vencer, unos 35 metros, no llega al 10% de los 390 de aquel, por lo que resulta infinitamente más barato.
Costo económico y ambiental
Esas dudas surgen del texto de mi libro Historia de las aguas de Córdoba. Pero profesionales expertos en la materia también se manifiestan opuestos, o al menos escépticos, en relación con dicho proyecto.
El ingeniero Gonzalo Moya, docente de la Universidad Nacional de Córdoba y especialista en obras hidráulicas, opina que el acueducto sería útil en su primera etapa, pero respecto de la segunda, entiende que deberían analizarse otros recursos.
Más categórico es el profesor Federico Kopta, fundador y presidente del Foro Ambiental de Córdoba, quien se opone a él rotundamente, por considerarlo “un absurdo carísimo, con un costo ambiental enorme en energía y, por consiguiente, en emisiones de dióxido de carbono, gas responsable del cambio climático”.
La Fundación Benito Roggio realizó, en 2012, un estudio sobre el tema y llegó a la conclusión de que antes de pensar en el Paraná, debe plantearse una secuencia de prioridades. Propone comenzar con el río Los Molinos, que puede sumar entre 1,5 y 4 m3/s provenientes de su afluente, el Anisacate. Y seguir luego con el Tercero, con un saldo disponible de más de 17 m3/s, que puede proveer “un caudal de extracción de dos m3/s […], interesante para satisfacer las demandas futuras”.
A ello se suma que el agua del Tercero, a la salida del dique de Piedras Moras o de otra de las presas que tiene el río en su cuenca –no del lago de Embalse, por su eventual contaminación nuclear–, es de una calidad y una pureza mayores que las del Paraná, que arrastra muchos sedimentos y tiene un alto grado de polución, lo que obligaría a someterla a un costoso proceso adicional de purificación.
Moderar el consumo
Se deben también poner en práctica medidas tendientes a moderar el alto consumo de agua potable en la ciudad capital, tales como completar la instalación de medidores domiciliarios e implementar sistemas de reutilización de aguas grises; es decir, las aguas residuales del uso doméstico, provenientes de lavatorios, bañaderas y duchas, y también las del lavado de vajilla y ropa. Sometidas a un sencillo tratamiento, pueden usarse para descarga de inodoros, lavado de automóviles, riego, procesos industriales y otros usos.
También pueden utilizarse, con mayor garantía sanitaria, las aguas tratadas en las dos estaciones depuradoras de aguas residuales (Edar) de Bajo Grande, para sistemas de regadío con distintos niveles de control, generando ahorros en el consumo total de las aguas de las distintas fuentes.
Asimismo, es posible fomentar el riego por goteo en el cinturón verde, todo lo cual se traduciría en una disminución de no menos del 10% de los 8 m3/s que consumimos los cordobeses capitalinos, que supera ampliamente lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.
Fuente: La Voz del Interior



